domingo, 4 de agosto de 2013

Noam Chomsky


Y tú, ¿a que lado del espejo estas?

sábado, 3 de agosto de 2013

Tempelhof

Después de un insondable silencio que ha durado años, he decidido volver a abrir esta ventana al patio trasero donde se cuelgan todos los recuerdos mojados. Es curioso comprobar como todos los viajes acaban nuevamente en el punto de partida. Quizás la mejor manera de retomar esta andadura sea con una historia que nunca sucedió pero que aun así me persigue desde que visité aquel lugar una fria tarde de invierno. Aquí quedará a la espera de ser o no ser:


"Había llovido y la pista de aterrizaje estaba mojada. Una inmensa bóveda celeste lo abrazaba todo. Las nubes de color rosa y el aire frío silbando.
  • Esto es infinito
  • Nunca pensantes que un aeropuerto pudiera ser tan bello ¿verdad?
  • No. Siempre he tenido la sensación de que eran los lugares más estériles de la Tierra.
  • Supongo que ahora que ya no hay aviones, es cuando este sitio se ha vuelto tan misterioso.
  • Sí. Me pregunto cuántas otras cosas bellas estaremos olvidando por culpa de la urgencia por vivir.
  • Eso sólo se sabe cuándo uno ya es viejo y no tiene la constante sensación de estar perdiendo el tiempo.
  • Que maravilloso debe ser poder mirar al mundo con ojos cansados como si fuera una película en la que ya no intervienes. Disfrutándolo en silencio.
  • Debe ser absoluto, reconstruir todos los pedazos de una vida y saber sin palabras que tienen sentido. Quizás este inmenso cielo de Berlín sea una rendija abierta hacia ese horizonte final.
  • Si es así, estoy seguro que se ha abierto para nosotros. No hay nadie más en el mundo que pueda verlo. Bésame.
Él la miro a los ojos y vio su vida escrita en ellos, se vio a si mismo reflejado. La besó lentamente.
  • Esta anocheciendo, vamos a tomar un café. Te enseñaré un lugar que conozco.
  • No, espera. Quiero alargar este instante un poco más.
  • De acuerdo. Iré a buscar a Sofía

La chica permaneció sentada sobre el bloque de hormigón. Pudo ver como un pájaro aleteaba contra el viento quedando completamente suspendido en el horizonte. Sintió que también él era consciente de la magia. Entonces quiso volver a escuchar la canción que le había acompañado durante todo el viaje. Esta vez fue diferente. Cada nota de la eléctrica melodía le punzaba en la nuca. La cabeza le daba vueltas y no podía parar de sonreír. Lo único que pudo despertarla de ese sueño fue la voz de su hija llamándola mientras corría hacia ella. La niña abrazaba con fuerza su peluche favorito. Sólo entonces supo con total certeza que ese instante eterno era la recompensa de absolutamente todo el devenir de su vida."