En una carta que un joven Nietzsche escribe a su amigo Erwind Rohde en 1870, se puede leer lo siguiente.
"Espero que mi suerte cambie: hasta Richard Wagner me ha sugerido de la forma más enternecedora el destino que considera más apropiado para mí... Ciencia, arte y filosofía forman un amasijo tan informe en mi interior que puede que algún día engendre monstruos."
Pasarian 19 años desde estas palabras hasta el famoso día en el que el filósofo acabara abrazado al caballo de Turín. Sin embargo parece que por aquel entonces ya albergaba una duda razonable sobre su propia capacidad para soportar el inmenso peso de su genio furioso.
///seguiremos hablando más sobre este ser tan misterioso y excesivo///
visto lo visto, engendrar monstruos de ese tipo es lo más cuerdo que se puede hacer en medio de la mediocridad que nos amenaza
ResponderEliminarSi algo he aprendido de este señor es que hay que actuar sin dejar que el transcurso de la historia te intimide. Él lo llamaba el eterno retorno. Puede ser que nuestro eterno retorno sea volver al origen cuando lo único que importaba era sobrevivir. Al fin y al cabo es eso o dejar que nos maten por exceso de entretenimiento vacio y sin sentido.
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