viernes, 11 de marzo de 2011

...BornOutOfThat.......


Conforme las fuerzas le iban disminuyendo, aparecía la triste figura esquelética del caminante. Circulaba nerviosamente de una punta a otra de la casa. Él ya no veía posible volver a salir a la calle. El aire congelado le ardía en los pulmones. Todo lo que podía llegar a ser quedaba circunscrito ahora al mundo de sus ideas y ya hacía mucho que no era capaz de pensar nada positivo. Sus fuerzas parecían desvanecerse por completo. Sin embargo algunas noches era capaz de volver a la vida por unos minutos. El silencio le permitía mantener largas conversaciones consigo mismo. Conversaciones que había esquivado durante muchos años y que ahora se presentaban ante él como un cartel de neón lleno de interrogantes. Entonces agarraba su boli y comenzaba a escribir y sus fuerzas iban aumentando a cada linea atropellada. Era su terapia particular. Un placebo que habría puertas totalmente desconocidas. Empezó a pensar en el mundo que había conocido, a reflexionar profundamente sobre él. Todas esas trampas, un laberinto de espejos de siniestras caras familiares. No se pudo fiar ya ni de sus recuerdos y tubo que desterrarlos. ¿Cómo había podido ser tan estúpido? Había pasado todos estos años pensando que la vida le pertenecía, que era un regalo, un lugar gentil donde podía hacer y deshacer a su antojo. Él pobre hombre idiota no había podido verlo hasta que comenzó a sentir ese dolor punzante en la parte izquierda de su pecho. Un tic-tac que traía el sonido de terribles campanas anunciando aquello que ya nadie podía hacer por él. Entonces, en medio de la noche fría y callada, al fin lo entendió. Su vida no era un regalo, era una enorme responsabilidad. No era una búsqueda, era una LUCHA. Y la única causa que le podía dar sentido a esa lucha era llegar a ser LIBRE. Liberarse de su pánico al día a día, de su caminar errante, de sus horas muertas. Y liberarse del otro, del otro que le miraba a través del espejo y le empujaba hacia el precipicio de lo vació. Romper ese espejo para ver el horizonte que había permanecido oculto. No imaginaba satisfacción comparable. Por eso escribió: 
 
           “Jamás volveré a conocer la derrota en las noches frías y calladas como esta”

Desde ese día él siempre terminaba así sus historias, rezando por poder conciliar el sueño después de todo.

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